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El precio de un olor

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Sobre esta actividad

Leyenda de Nasredín

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El precio de un olorVersión en línea

Leyenda de Nasredín

por JORGE ARMANDO ALDANA MOJICA
1

Había una vez , hace muchos años , un pobre hombre que vagaba por las calles de la hermosa ciudad de . Avanzaba bajo el sol del desierto con tan sólo su ropa maltrecha , el rostro sucio , los pies cansados , un pan en el bolsillo y demasiada hambre en el estómago . Mientras caminaba , sacó el pan duro para darle un mordisco . Justo en ese momento , iba pasando frente a un restaurante donde los cocineros preparaban unas ricas . El aroma de la carne y los condimentos de inmediato llegó a su nariz y él lo sintió , por mucho , más sabroso que el pan que traía entre las manos . Entonces , inhalando fuertemente , el pobre hombre aspiró el aroma de las albóndigas mientras mordía su pan . ¡ Qué sabroso ! ¡ Qué exquisito ! ¡ Casi como comer las verdaderas bolas de carne ! Nuevamente , inhaló y dio otra mordida . ¡ Qué delicia , eso sí era comida ! Tan entretenido estaba el hombre oliendo las albóndigas y mordiendo su pan que no se dio cuenta de que el dueño del restaurante lo acababa de ver . Molesto , se acercó al pobre hombre y lo agarró de los hombros . - Pero ¿ qué crees que estás haciendo ? ¡ Estás aquí , estorbando y asustándome a los clientes ! - Pero , señor - respondió el hombre - , no estoy haciendo nada malo , sólo voy pasando . - ¿ Crees que no vi cómo te detenías frente a mi negocio ? ¡ Seguro planeabas alguna maldad ! - Sólo estaba oliendo su sabrosa comida . Por favor , tenga piedad y déjeme ir . . . - Nada de piedad ! ¡ Te voy a llevar con el juez para que se te quite el estar molestando a la gente decente ! Jalando al pobre hombre de los hombros , el dueño del restaurante lo llevó con el juez de la ciudad como si fuera un delincuente . En aquel entonces , , el más inteligente y piadoso de los servidores de Alá , era el juez de la ciudad . Cuando llegaron los dos hombres y cada uno contó su versión de los hechos , Nasredín preguntó al dueño : - He escuchado ambas historias , pero no entiendo por qué has traído a este hombre , si no ha cometido ningún delito . El restaurantero , que era un hombre bastante avaro , respondió : - Si él ha estado oliendo la comida que yo he preparado , lo más justo es que me pague por ello . Nasredín , que no sólo era inteligente , sino también justo , le ordenó al dueño del restaurante que se colocara a su lado . Éste obedeció y miró con extrañeza cómo el juez sacaba unas cuantas de su bolsillo con la mano . Acto seguido , Nasredín agitó su mano y las monedas sonaron al chocar unas con otras . - Presta atención , ¿ qué oyes ? - Que sacudes unas monedas . - Exacto . El sonido de las monedas al agitarse es el pago justo por el aroma de tus albóndigas . La deuda está saldada . Vete y deja a este hombre en paz .

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