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Sobre esta actividad
En un lugar llamado El Manantial había jardines hermosos, ríos limpios y aire fresco. Sus habitantes vivían felices porque cuidaba de la naturaleza como si fuera parte de su familia.
Allí vivía Maya, una niña curiosa y valiente. Su abuelo, un hombre muy sabio, le decía siempre:
—“La naturaleza es un regalo. Cada pequeño gesto cuenta para cuidarla”.
Un día, todo empezó a cambiar. El cielo se llenó de neblina gris, los ríos se ensuciaron y las flores se marchitaron. La gente del pueblo estaba desperdiciando agua, tirando basura y plásticos al río y dejando luces prendidas.
Maya, preocupada, preguntó a su abuelo qué pasaba. Él respondió:
—“Hemos olvidado que no somos dueños de la tierra, el agua y el aire. Somos sus guardianes, y ellos se están cansando de que los maltratemos”.
Entonces, Maya tuvo una gran idea. Junto con su abuelo reunió a todos los niños del pueblo y crearon la campaña “El susurro
del bosque” con su lema: “Cada gota cuenta. Cada semilla importa. Cada gesto ayuda”.
Los niños salieron con regaderas y semillas. Maya plantó un árbol en la plaza y enseñó a todos cómo podían ayudar: cerrar la llave al cepillarse los dientes, usar bolsas de tela y separar la basura para reciclar.
Al verlos, los adultos también empezaron a ayudar. Poco a poco, la neblina desapareció, los ríos se limpiaron y las flores volvieron a brillar. El pueblo de El Manantial volvió a ser feliz y hermoso.
Gracias a Maya, todos aprendieron que el verdadero tesoro de El Manantial no son sus recursos, sino el compromiso de cuidarlos.
Allí vivía Maya, una niña curiosa y valiente. Su abuelo, un hombre muy sabio, le decía siempre:
—“La naturaleza es un regalo. Cada pequeño gesto cuenta para cuidarla”.
Un día, todo empezó a cambiar. El cielo se llenó de neblina gris, los ríos se ensuciaron y las flores se marchitaron. La gente del pueblo estaba desperdiciando agua, tirando basura y plásticos al río y dejando luces prendidas.
Maya, preocupada, preguntó a su abuelo qué pasaba. Él respondió:
—“Hemos olvidado que no somos dueños de la tierra, el agua y el aire. Somos sus guardianes, y ellos se están cansando de que los maltratemos”.
Entonces, Maya tuvo una gran idea. Junto con su abuelo reunió a todos los niños del pueblo y crearon la campaña “El susurro
del bosque” con su lema: “Cada gota cuenta. Cada semilla importa. Cada gesto ayuda”.
Los niños salieron con regaderas y semillas. Maya plantó un árbol en la plaza y enseñó a todos cómo podían ayudar: cerrar la llave al cepillarse los dientes, usar bolsas de tela y separar la basura para reciclar.
Al verlos, los adultos también empezaron a ayudar. Poco a poco, la neblina desapareció, los ríos se limpiaron y las flores volvieron a brillar. El pueblo de El Manantial volvió a ser feliz y hermoso.
Gracias a Maya, todos aprendieron que el verdadero tesoro de El Manantial no son sus recursos, sino el compromiso de cuidarlos.
Creada por
Mary Rios Rengifo
Perú
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