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Sobre esta actividad
El pueblo árabe en sus orígenes, estaba constituido por diferentes tribus que practicaban una religión marcadamente politeísta. Este panorama cambio con la llegada de Mahoma, llamado el profeta del Islam. El nació en el año 570, en el seno de una de las comunidades árabes del desierto. Su familia poseía una fuerte tradición mercantil. Cuentan las leyendas que hacia el año 610, cuando el profeta tenía 40 años, recibió la revelación de que el sería un mensajero de Alá, el Dios.
A partir de esa revelación, Mahoma empezó a predicar un nuevo mensaje de salvación humana de raíces cristianas y judías, que atacaba el politeísmo árabe y la avaricia desmedida. Con sus seguidores (unos 30 o 40), se trasladó a Medina, pues Mahoma comprendió que solo desde esta ciudad podía hacer que su mensaje se multiplicara. En Medina, Mahoma lideró la constitución de la Umma, es decir, una nueva comunidad que intentaba superar la división del pueblo árabe. Para esto, el profeta y sus seguidores conformaron un ejército, con el fin de lograr la sumisión de otras comunidades árabes. En el año 630, Mahoma entró triunfal a la Meca y, en 632, ante 90.000 seguidores, se despidió y huyó hacia Medina, donde murió el 8 de junio del mismo año. Esta “peregrinación del adiós” se conoce también como la hégira.
En Medina o la ciudad del profeta, Mahoma logró un principio de unificación de los árabes bajo una misma comunidad de intereses y de creyentes. De esta manera Alá, su libro sagrado llamado el Corán y el Profeta, se convirtieron en los principios constitutivos de esa comunidad y marcaron el origen del monoteísmo musulmán.
Mahoma logró consolidar la nueva doctrina, llamada Islam, e imponerse como jefe religioso, político y militar, con lo cual unificó las tribus de beduinos. Sus descendientes encauzaron el ímpetu guerrero de los árabes a la conquista de nuevos territorios. En menos de 100 años, los árabes le arrebataron Egipto, Siria y Palestina al Imperio Bizantino. Desde Egipto conquistaron el norte de África y llegaron hasta la península ibérica, con lo cual acabaron con el reino germánico que se había establecido allí. Igualmente, se expandieron hasta el oriente hasta la India. En esta expansión, la civilización creada por el Islam se nutrió de las culturas con las que entró en contacto: tradujeron y publicaron obras del pensamiento filosófico griego; de India conocieron los principios del algebra y la trigonometría, además de apropiarse de los números que usamos en la actualidad, conocidos como números arábigos. De China llevaron a Europa el uso de la brújula, el papel y la imprenta. La civilización islámica se convirtió, de esta manera, en un puente entre diversas culturas. Así, Europa occidental se benefició de la divulgación que los árabes realizaron de todos los conocimientos, a través de su presencia en la península arábiga. El espíritu de observación y experimentación que fecundó el pensamiento europeo de finales de la edad media e inicios de la edad moderna llegó como un legado de los árabes.
Para los musulmanes, expandir su lengua y su religión, además de otros componentes sociales, constituyó una misión de carácter sagrado, para lo cual crearon y desarrollaron el concepto de yihad o guerra santa, algo así como llevar el mensaje del profeta por todos los rincones del mundo, para que sus habitantes recibieran su fe y sus enseñanzas.
Los árabes se lanzaron a la conquista de Siria, Palestina y Egipto desde el centro de la península arábiga. En menos de 100 años lograron controlar y dominar provincias que se extendían desde el Océano Atlántico hasta áreas limítrofes con la India.
A partir de esa revelación, Mahoma empezó a predicar un nuevo mensaje de salvación humana de raíces cristianas y judías, que atacaba el politeísmo árabe y la avaricia desmedida. Con sus seguidores (unos 30 o 40), se trasladó a Medina, pues Mahoma comprendió que solo desde esta ciudad podía hacer que su mensaje se multiplicara. En Medina, Mahoma lideró la constitución de la Umma, es decir, una nueva comunidad que intentaba superar la división del pueblo árabe. Para esto, el profeta y sus seguidores conformaron un ejército, con el fin de lograr la sumisión de otras comunidades árabes. En el año 630, Mahoma entró triunfal a la Meca y, en 632, ante 90.000 seguidores, se despidió y huyó hacia Medina, donde murió el 8 de junio del mismo año. Esta “peregrinación del adiós” se conoce también como la hégira.
En Medina o la ciudad del profeta, Mahoma logró un principio de unificación de los árabes bajo una misma comunidad de intereses y de creyentes. De esta manera Alá, su libro sagrado llamado el Corán y el Profeta, se convirtieron en los principios constitutivos de esa comunidad y marcaron el origen del monoteísmo musulmán.
Mahoma logró consolidar la nueva doctrina, llamada Islam, e imponerse como jefe religioso, político y militar, con lo cual unificó las tribus de beduinos. Sus descendientes encauzaron el ímpetu guerrero de los árabes a la conquista de nuevos territorios. En menos de 100 años, los árabes le arrebataron Egipto, Siria y Palestina al Imperio Bizantino. Desde Egipto conquistaron el norte de África y llegaron hasta la península ibérica, con lo cual acabaron con el reino germánico que se había establecido allí. Igualmente, se expandieron hasta el oriente hasta la India. En esta expansión, la civilización creada por el Islam se nutrió de las culturas con las que entró en contacto: tradujeron y publicaron obras del pensamiento filosófico griego; de India conocieron los principios del algebra y la trigonometría, además de apropiarse de los números que usamos en la actualidad, conocidos como números arábigos. De China llevaron a Europa el uso de la brújula, el papel y la imprenta. La civilización islámica se convirtió, de esta manera, en un puente entre diversas culturas. Así, Europa occidental se benefició de la divulgación que los árabes realizaron de todos los conocimientos, a través de su presencia en la península arábiga. El espíritu de observación y experimentación que fecundó el pensamiento europeo de finales de la edad media e inicios de la edad moderna llegó como un legado de los árabes.
Para los musulmanes, expandir su lengua y su religión, además de otros componentes sociales, constituyó una misión de carácter sagrado, para lo cual crearon y desarrollaron el concepto de yihad o guerra santa, algo así como llevar el mensaje del profeta por todos los rincones del mundo, para que sus habitantes recibieran su fe y sus enseñanzas.
Los árabes se lanzaron a la conquista de Siria, Palestina y Egipto desde el centro de la península arábiga. En menos de 100 años lograron controlar y dominar provincias que se extendían desde el Océano Atlántico hasta áreas limítrofes con la India.
Creada por
Eivar Sterling Sandoval
Colombia
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