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Sobre esta actividad
En la orilla de un gran río vivía Tina, una tortuga pequeña y curiosa. Aunque sus amigos la querían mucho, a veces se burlaban de ella porque caminaba despacio.
—¡Nunca llegarás lejos, Tina! —decían los loritos. Pero Tina sonreía y respondía: —Tal vez vaya despacio, pero siempre llego a donde quiero.
Un día, el río comenzó a brillar como cristal y apareció un puente mágico que llevaba a la otra orilla. Los animales se emocionaron, pero había un problema: el puente era muy resbaloso y nadie se atrevía a cruzarlo.
El jaguar lo intentó, pero se cayó al agua. El mono saltó, pero resbaló y tuvo que regresar. Todos estaban preocupados, porque al otro lado del río había un árbol lleno de frutas mágicas que podían alimentar a toda la selva.
Entonces Tina dijo: —Yo lo intentaré.
Los animales se rieron: —¡Si nosotros no pudimos, menos tú con tu paso lento!
Pero Tina comenzó a caminar despacito, paso a paso, con mucha calma. Cada vez que el puente se movía, ella se detenía, respiraba y seguía adelante. Su caparazón la protegía de los golpes, y su paciencia la guiaba.
Después de un buen rato, Tina llegó al otro lado. Los animales se quedaron con la boca abierta. Ella recogió las frutas mágicas y las compartió con todos.
Desde ese día, nadie volvió a burlarse de Tina. Aprendieron que la paciencia y la perseverancia son más valiosas que la rapidez.
—¡Nunca llegarás lejos, Tina! —decían los loritos. Pero Tina sonreía y respondía: —Tal vez vaya despacio, pero siempre llego a donde quiero.
Un día, el río comenzó a brillar como cristal y apareció un puente mágico que llevaba a la otra orilla. Los animales se emocionaron, pero había un problema: el puente era muy resbaloso y nadie se atrevía a cruzarlo.
El jaguar lo intentó, pero se cayó al agua. El mono saltó, pero resbaló y tuvo que regresar. Todos estaban preocupados, porque al otro lado del río había un árbol lleno de frutas mágicas que podían alimentar a toda la selva.
Entonces Tina dijo: —Yo lo intentaré.
Los animales se rieron: —¡Si nosotros no pudimos, menos tú con tu paso lento!
Pero Tina comenzó a caminar despacito, paso a paso, con mucha calma. Cada vez que el puente se movía, ella se detenía, respiraba y seguía adelante. Su caparazón la protegía de los golpes, y su paciencia la guiaba.
Después de un buen rato, Tina llegó al otro lado. Los animales se quedaron con la boca abierta. Ella recogió las frutas mágicas y las compartió con todos.
Desde ese día, nadie volvió a burlarse de Tina. Aprendieron que la paciencia y la perseverancia son más valiosas que la rapidez.
Creada por
Yuliteladacarlos TELADA CARLOS
Perú
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