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Sobre esta actividad
En lo profundo del bosque, donde los árboles susurran cuentos antiguos, vivía una pequeña comunidad de ardillitas curiosas y juguetonas. Un día, mientras buscaban comida para el invierno, encontraron algo que brillaba entre las raíces de un gran roble.
—¡Miren eso! —exclamó Lilo, la ardillita más inquieta.
Al acercarse, descubrieron un cofre antiguo. Su luz dorada iluminaba el musgo y las hojas como si fuera un pequeño sol escondido. Cuando lo abrieron, sus ojitos se llenaron de sorpresa: estaba repleto de bellotas doradas, más hermosas de lo que jamás habían visto.
Las ardillitas comenzaron a reunirlas con emoción. Pero, mientras más sacaban, más bellotas aparecían. El cofre parecía mágico.
—¿Y si las compartimos con todos los animales del bosque? —propuso Nubi, la más pequeña.
A todos les pareció una idea maravillosa. Así que llevaron el cofre al centro del bosque. Muy pronto llegaron otras ardillas, ratoncitos, conejos y pájaros. Todos formaron un gran círculo alrededor del cofre resplandeciente.
Los animales compartieron las bellotas, decoraron sus hogares y hasta hicieron un festín. El bosque entero brillaba como nunca.
Desde ese día, el cofre quedó bajo el roble más antiguo, convertido en un símbolo de amistad y generosidad. Y cada otoño, las bellotas doradas seguían apareciendo para recordarles que las riquezas más grandes se encuentran cuando todos comparten.
Y así, el bosque vivió siempre alegre, iluminado por el tesoro que brillaba… y por los corazones que sabían cuidar unos de otros.
Fin.
—¡Miren eso! —exclamó Lilo, la ardillita más inquieta.
Al acercarse, descubrieron un cofre antiguo. Su luz dorada iluminaba el musgo y las hojas como si fuera un pequeño sol escondido. Cuando lo abrieron, sus ojitos se llenaron de sorpresa: estaba repleto de bellotas doradas, más hermosas de lo que jamás habían visto.
Las ardillitas comenzaron a reunirlas con emoción. Pero, mientras más sacaban, más bellotas aparecían. El cofre parecía mágico.
—¿Y si las compartimos con todos los animales del bosque? —propuso Nubi, la más pequeña.
A todos les pareció una idea maravillosa. Así que llevaron el cofre al centro del bosque. Muy pronto llegaron otras ardillas, ratoncitos, conejos y pájaros. Todos formaron un gran círculo alrededor del cofre resplandeciente.
Los animales compartieron las bellotas, decoraron sus hogares y hasta hicieron un festín. El bosque entero brillaba como nunca.
Desde ese día, el cofre quedó bajo el roble más antiguo, convertido en un símbolo de amistad y generosidad. Y cada otoño, las bellotas doradas seguían apareciendo para recordarles que las riquezas más grandes se encuentran cuando todos comparten.
Y así, el bosque vivió siempre alegre, iluminado por el tesoro que brillaba… y por los corazones que sabían cuidar unos de otros.
Fin.
Creada por
Valery Brenda Simon Añasco
Perú
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