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Sobre esta actividad
Había una vez una pequeña tortuga llamada Tomasa que vivía en un lago tranquilo. Aunque era feliz nadando y tomando el sol, tenía un gran sueño: quería volar como los pájaros.
Cada mañana miraba al cielo y suspiraba: —¡Qué bonito sería tener alas!
Un día, su amigo el colibrí la escuchó y le dijo: —No necesitas alas para ser especial, Tomasa. Cada uno tiene su propio talento.
Pero Tomasa insistió en intentarlo. Se subió a una piedra alta y abrió sus patitas como si fueran alas. ¡Plaf! Cayó al agua haciendo un gran chapuzón. En lugar de enojarse, se rió.
Entonces descubrió algo maravilloso: cuando nadaba bajo el agua, podía moverse tan rápido que parecía volar entre las burbujas.
Desde ese día, Tomasa comprendió que no hacía falta ser como los demás. Su manera de “volar” era única: nadar feliz bajo el agua.
Y así, la tortuguita vivió contenta, enseñando a todos que los sueños se cumplen cuando aprendemos a valorar lo que nos hace diferentes.
Cada mañana miraba al cielo y suspiraba: —¡Qué bonito sería tener alas!
Un día, su amigo el colibrí la escuchó y le dijo: —No necesitas alas para ser especial, Tomasa. Cada uno tiene su propio talento.
Pero Tomasa insistió en intentarlo. Se subió a una piedra alta y abrió sus patitas como si fueran alas. ¡Plaf! Cayó al agua haciendo un gran chapuzón. En lugar de enojarse, se rió.
Entonces descubrió algo maravilloso: cuando nadaba bajo el agua, podía moverse tan rápido que parecía volar entre las burbujas.
Desde ese día, Tomasa comprendió que no hacía falta ser como los demás. Su manera de “volar” era única: nadar feliz bajo el agua.
Y así, la tortuguita vivió contenta, enseñando a todos que los sueños se cumplen cuando aprendemos a valorar lo que nos hace diferentes.
Creada por
Yoselin Melissa Torres Ramos
Perú
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