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Sobre esta actividad
Había una vez el Sol, que brillaba fuerte durante el día, y la Luna, que iluminaba suavemente la noche. Cada uno tenía su momento especial, pero nunca podían encontrarse porque cuando uno llegaba, el otro debía irse.
El Sol miraba desde lejos y pensaba: —¡Qué bonito sería jugar con la Luna y compartir juntos el cielo!
La Luna también suspiraba: —Me encantaría conocer al Sol y ver cómo es su luz de cerca.
Un día, las nubes escucharon sus deseos y decidieron ayudarlos. Se movieron despacito y crearon un espacio en el cielo donde el Sol y la Luna pudieron encontrarse por primera vez. Fue un amanecer mágico: el Sol empezaba a brillar y la Luna todavía estaba allí, saludándolo con una sonrisa plateada.
—¡Qué alegría verte! —dijo el Sol. —¡Y qué hermoso es compartir este momento contigo! —respondió la Luna.
Desde entonces, cada amanecer y cada atardecer se convirtieron en su lugar de encuentro. A veces el Sol se despedía dejando colores naranjas y rosados, y la Luna aparecía con su luz tranquila. Otras veces, la Luna se quedaba un ratito más para acompañar al Sol en su salida.
Así descubrieron que, aunque eran diferentes, podían ser grandes amigos y llenar el cielo de magia cuando estaban juntos.
El Sol miraba desde lejos y pensaba: —¡Qué bonito sería jugar con la Luna y compartir juntos el cielo!
La Luna también suspiraba: —Me encantaría conocer al Sol y ver cómo es su luz de cerca.
Un día, las nubes escucharon sus deseos y decidieron ayudarlos. Se movieron despacito y crearon un espacio en el cielo donde el Sol y la Luna pudieron encontrarse por primera vez. Fue un amanecer mágico: el Sol empezaba a brillar y la Luna todavía estaba allí, saludándolo con una sonrisa plateada.
—¡Qué alegría verte! —dijo el Sol. —¡Y qué hermoso es compartir este momento contigo! —respondió la Luna.
Desde entonces, cada amanecer y cada atardecer se convirtieron en su lugar de encuentro. A veces el Sol se despedía dejando colores naranjas y rosados, y la Luna aparecía con su luz tranquila. Otras veces, la Luna se quedaba un ratito más para acompañar al Sol en su salida.
Así descubrieron que, aunque eran diferentes, podían ser grandes amigos y llenar el cielo de magia cuando estaban juntos.
Creada por
anngie huaynate gutierrez
Perú
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