Nuestra oración es eficaz porque está unida
mediante la fe a la oración de Jesús. En Él la oración cristiana se convierte
en comunión de amor con el Padre; podemos presentar nuestras peticiones a Dios
y ser escuchados: «Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado» (Jn
16, 24). (CCIC 545).
La
oración de María se caracteriza por su fe y por la ofrenda generosa de todo su
ser a Dios. La Madre de Jesús es también la Nueva Eva, la «Madre de los
vivientes» (cf Gn 3, 20): Ella ruega a Jesús, su Hijo, por las
necesidades de los hombres. (CCIC 546). Además
de la intercesión de María en Caná de Galilea, el Evangelio nos entrega el Magnificat
(Lc 1, 46-55), que es el cántico de la Madre de Dios y el de la
Iglesia, la acción de gracias gozosa, que sube desde el corazón de los pobres
porque su esperanza se realiza en el cumplimiento de las promesas divinas.
(CCIC 547).
Las
formas esenciales de oración cristiana son la bendición y la adoración, la
oración de petición y de intercesión, la acción de gracias y la alabanza. La
Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración. (CCIC 550). La
bendición es la respuesta agradecida del hombre a los dones de Dios: nosotros
bendecimos al Todopoderoso, quien primeramente nos bendice y colma con sus
dones. (CCIC 551). La adoración es la prosternación del hombre, que se
reconoce criatura ante su Creador tres veces santo. (CCIC 552).
En
virtud de la singular cooperación de María con la acción del Espíritu Santo, la
Iglesia ama rezar a María y orar con María, la orante perfecta, para alabar e
invocar con Ella al Señor. Pues María, en efecto, nos «muestra el camino» que
es su Hijo, el único Mediador. (CCIC 562). La
Iglesia reza a María, ante todo, con el Ave María, oración con la que la
Iglesia pide la intercesión de la Virgen. Otras oraciones marianas son el Rosario,
el himno Acáthistos, la Paraclisis, los himnos y cánticos de las
diversas tradiciones cristianas. (CCIC 563).
Los santos son para los cristianos modelos de oración, y a ellos les pedimos también que intercedan ante Dios, por nosotros y por el mundo entero; su intercesión es el más alto servicio al designio de Dios. (CCIC 564). La familia cristiana constituye el primer ámbito de educación a la oración. Hay que recomendar la oración cotidiana en familia. (CCIC 565).