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Jesucristo fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la Virgen María

Presentación

Se presenta a la Virgen María, la nueva Eva, la «Madre de los vivientes» (cf Gn 3, 20), que con su respuesta al ángel Gabriel: «hágase en mi según tu palabra» fue llena del Espíritu Santo, y en su seno y sin la colaboración de varón, el Hijo de Dios se hizo hombre. Ella que es modelo perfecto de obediencia en la fe, tiene todas las virtudes. Ella es la «llena de gracia» (Lc 1, 28), la «toda Santa», la «esclava del Señor», Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

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Jesucristo fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la Virgen MaríaVersión en línea

Se presenta a la Virgen María, la nueva Eva, la «Madre de los vivientes» (cf Gn 3, 20), que con su respuesta al ángel Gabriel: «hágase en mi según tu palabra» fue llena del Espíritu Santo, y en su seno y sin la colaboración de varón, el Hijo de Dios se hizo hombre. Ella que es modelo perfecto de obediencia en la fe, tiene todas las virtudes. Ella es la «llena de gracia» (Lc 1, 28), la «toda Santa», la «esclava del Señor», Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

por Alejandro Araujo
1

La Virgen María es Madre de Dios

Son muchos los modelos de obediencia en la fe en la Sagrada Escritura, pero destacan dos particularmente: Abraham, que, sometido a prueba, «tuvo fe en Dios» (Rm 4, 3) … . Y la Virgen María, quien ha realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la fe: «hágase en mi según tu palabra» (Lc 1, 38). (CCIC 26). 

El Hijo de Dios se encarnó en el seno de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, por nosotros los hombres y por nuestra salvación: es decir, para reconciliarnos a nosotros pecadores con Dios, darnos a conocer su amor infinito, ser nuestro modelo de santidad y hacernos «partícipes de la naturaleza divina» (2 P 1, 4). (CCIC 85). 

En la unidad de su Persona divina, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, de manera indivisible. Él, Hijo de Dios, «engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre», se ha hecho verdaderamente hombre, hermano nuestro, sin dejar con ello de ser Dios. (CCIC 87).

El Hijo de Dios asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. Con su inteligencia humana Jesús aprendió muchas cosas mediante la experiencia. Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre.  (CCIC 90a).

Que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo significa que la Virgen María concibió al Hijo eterno en su seno por obra del Espíritu Santo y sin la colaboración de varón: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lc 1, 35), le dijo el ángel en la Anunciación. (CCIC 94). 

María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre de Jesús (Jn 2, 1; 19, 25). En efecto, aquél que fue concebido por obra del Espíritu Santo es el Hijo eterno de Dios Padre. Es Dios mismo. (cf. CCIC 95).

Dios eligió gratuitamente a María desde toda la eternidad para que fuese la Madre de su Hijo; para cumplir esta misión fue concebida inmaculada. Esto significa que, por la gracia de Dios y en previsión de los méritos de Jesucristo, María fue preservada del pecado original. (CCIC 96). 

María tuvo un único Hijo, Jesús, pero en Él su maternidad espiritual se extiende a todos los hombres, que Jesús vino a salvar. Obediente junto a Jesucristo, el nuevo Adán, la Virgen es la nueva Eva, la verdadera madre de los vivientes. (CCIC 100a). 

2

La Virgen María es Madre de la Iglesia

El Espíritu Santo culmina en María las expectativas y la preparación del Antiguo Testamento para la venida de Cristo. De manera única la llena de gracia y hace fecunda su virginidad, para dar a luz al Hijo de Dios encarnado. Hace de Ella la Madre del «Cristo total», es decir, de Jesús Cabeza y de la Iglesia su cuerpo. María está presente entre los Doce el día de Pentecostés, cuando el Espíritu inaugura los «últimos tiempos» con la manifestación de la Iglesia. (CCIC 142). 

La Bienaventurada Virgen María es Madre de la Iglesia en el orden de la gracia, porque ha dado a luz a Jesús, el Hijo de Dios, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Jesús, agonizante en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 27). (CCIC 196). 

Contemplando a María, la toda santa, ya glorificada en cuerpo y alma, la Iglesia ve en ella lo que la propia Iglesia está llamada a ser sobre la tierra y aquello que será en la patria celestial. (CCIC 199). 

La oración de María se caracteriza por su fe y por la ofrenda generosa de todo su ser a Dios. La Madre de Jesús es también la Nueva Eva, la «Madre de los vivientes» (cf Gn 3, 20): Ella ruega a Jesús, su Hijo, por las necesidades de los hombres. (CCIC 546). 

Además de la intercesión de María en Caná de Galilea, el Evangelio nos entrega el Magnificat (Lc 1, 46-55), que es el cántico de la Madre de Dios y el de la Iglesia, la acción de gracias gozosa, que sube desde el corazón de los pobres porque su esperanza se realiza en el cumplimiento de las promesas divinas. (CCIC 547). 

Y en sus letanías le invocamos: Madre de la misericordia, Madre de la divina gracia, Madre de la esperanza, Madre purísima, Madre castísima, Madre siempre virgen, Madre inmaculada, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo, Madre del Creador, Madre del Salvador, …, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consuelo de los migrantes, Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Reina de los Ángeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires, Reina de los Confesores, Reina de las Vírgenes, Reina de todos los Santos, Reina concebida sin pecado original, Reina asunta a los Cielos, Reina del Santísimo Rosario, Reina de la familia, Reina de la paz.

3

La Voluntad de Dios

4

El juicio final: la fe y las obras

5

Dios se hizo hombre en la virgen María

6

La Iglesia Católica es Santa

7

María Madre de la Iglesia