El terreno de juego es rectangular de césped natural o artificial, con
una portería o arco a cada lado del campo. Se juega mediante
una pelota que se debe desplazar a través del campo con cualquier
parte del cuerpo que no sean los brazos o las manos, y mayoritariamente con los
pies (de ahí su nombre). El objetivo es introducirla dentro de la portería
o arco contrario, acción que se denomina marcar un gol. El equipo que
logre más goles al cabo del partido, de una duración de 90 minutos, es el
que resulta ganador del encuentro.