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La trasmisión de la revelación de Dios.

Presentación

Se presenta de qué modo se transmite la Divina Revelación: la predicación de la Buena Noticia (el Evangelio), la Tradición Apostólica, el Depósito de la Fe, la Sagrada Escritura, y el Magisterio de la Iglesia Católica.

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La trasmisión de la revelación de Dios.Versión en línea

Se presenta de qué modo se transmite la Divina Revelación: la predicación de la Buena Noticia (el Evangelio), la Tradición Apostólica, el Depósito de la Fe, la Sagrada Escritura, y el Magisterio de la Iglesia Católica.

por Alejandro Araujo
1

La transmisión de la Divina Revelación

Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. (1 Tim 2, 1.3-6a).

«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». (Mt 28, 19-20).

 Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4), es decir, de Jesucristo. Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los hombres, según su propio mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28, 19). Esto se lleva a cabo mediante la Tradición Apostólica. (CCIC 11).  Por tanto la divina revelación, o develamiento de Dios, se trasmite por medio de la Tradición Apostólica. 

La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo, desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los Apóstoles transmitieron a sus sucesores, los obispos y, a través de éstos, a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu Santo. (CCIC 12). 

Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. (1Cor 9,16-17.22b). 

Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego. (Rm 1,16).

2

Depósito de la fe, Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio

El depósito de la fe ha sido confiado por los Apóstoles a toda la Iglesia. Todo el Pueblo de Dios, con el sentido sobrenatural de la fe, sostenido por el Espíritu Santo y guiado por el Magisterio de la Iglesia, acoge la Revelación divina, la comprende cada vez mejor, y la aplica a la vida. (CCIC 15). 

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece. Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan. (Hb 11,1.3.6). 

Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. 10 Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación. 13 Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. 14 Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? 15 Y ¿cómo predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien! 16 Pero no todos obedecieron a la Buena Nueva. Porque Isaías dice: ¡Señor!, ¿quién ha creído a nuestra predicación? 17 Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo. (Rm 10,9-10.13-17). 

Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley. Entonces ¿por la fe privamos a la ley de su valor? ¡De ningún modo! Más bien, la consolidamos. (Rm 3, 28.31). 

Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta. (St 2, 17.26). 

La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia, según tres criterios: 1) atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura; 2) lectura de la Escritura en la Tradición viva de la Iglesia; 3) respeto de la analogía de la fe, es decir, de la cohesión entre las verdades de la fe. (CCIC 19).


3

¿Qué relación existe entre Tradición y Sagrada Escritura?

4

La Iglesia Católica Fundada sobre Jesucristo.

5

Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

6

La justificación por la fe.

7

4. El canon de las Sagradas Escrituras, 73 libros no 66.

8

¿A quién corresponde interpretar auténticamente el depósito de la fe?