SOBRE EL SUFRIMIENTO
Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana quedó debilitada en sus fuerzas, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte, e inclinada al pecado (inclinación llamada "concupiscencia"). (CIC 418).
Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia, (Col 1, 24).
Alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria. (1 Pe 4, 13).
Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación. (2 Cor 1, 5).
Convenía, en verdad, que Aquel por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación. (Hb 1, 10).
Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. (Rm 8, 18).
Y todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones. (2 Tm 3, 12).
Porque bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente. (1 Pe 2, 19).
Necesitáis paciencia en el sufrimiento para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido. (Hb 10, 36)
Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (Mc 8, 34).
El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. (Lc 14, 27).